Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Paréntesis...
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Es una modesta recopilación de algunos besos que, a modo de despedida, se han cruzado por ahi... y que llaman la atención de cualquier paseante, supongo... porque son -como reza el título de este post- Besos de Diseño...
- Besos con recubrimiento de chocolate negro, mousse de caramelo y espolvoreados de canela... sobre un fondo de café italiano, amargo y fuerte (como la vida misma...) y bola de helado de chocolate blanco al lado, a la derecha...
- Un gran beso. Beso de gran angular...
- Beso, de mealegrodequehayasllegadoacasa.
- Un beso de mevoyadormirquenoaguantomastension... agradecido, mucho.
- Beso, de los que se dan cuando extrañas mucho y te sorprenden apareciendo por una esquina.
- Un beso de domingo noche, tristón... (e Isildo?).
- Beso, como las nubes, con forma de sueño.
- Un beso fogoso, naranja, ardiente, que quema, que arde...
- Y beso de buenas noches. Solo uno. Desde debajo del edredón, acercándose tan despacio al objetivo que una se estremece, sin poder evitarlo...
- Beso, que se marcha de puntillas...
- Beso, en el entrecejo (sin fruncir, sobre la cortina de rizos que caen a plomo en un intento vano de esconderse del mundanal mundo...).
- Un beso, de amanecer, con los ojos pegados. No sé dónde te lo doy, que no veo...
- Beso, desde esa cubierta que aclaré para ver tu rostro.
- Beso, grande, cariñoso, con furia y con fuerza...
- Un beso, cuadrado (como un sugus de naranja).
- Beso, pues eso, con luz, para empezar con energía.
- Un beso, frente a frente...
- Besos de bruja a alquimista, capaz de mezclar dos horas y dejarlas hechas un par de minutos.
Huella fría de mi pie. Sierra Nevada (Granada, España). Febrero 2007.
Hay que ver lo difícil que es subir fotos para que esto quede un poco entretenido de leer, ¿eh? tutoriales, consejos y tiempo, tanto tiempo... Al menos he podido subir un par de las que tenía pendientes, aunque ahora sigo teniendo otro par por subir. No sé si son demasiado pesadas o bien yo tan torpe con esto de la "high tech" como siempre, pero el hecho cierto y verídico es que, por hoy, me temo que abandono... Tal vez mañana tenga más suerte (por aquello de que las cosas /si-go/ teniendo que hacerlas varias veces y no salen bien... un nuevo ejemplo: en dos semanas ya le he pedido tres veces a la misma chica por teléfono un duplicado del mando a distancia del parking y...).
Huellas, huellas... quizá algún día ahi arriba se vea una foto que a mi particularmente me gusta: una similitud por contraste; una huella de mi pie descalzo sobre la nieve, igual que Sonia fotografió la huella de su pie desnudo sobre la arena de un desierto...
Y esa foto es genial para dar entrada a la idea que todavía da vueltas por ahi: las personas que han dejado huella en mi cabeza, aquellas que los años no se han llevado, las que generaron recuerdos imborrables a los que regreso de vez en cuando, las que han marcado mi vida y me ayudaron a diseñarme como soy hoy...
Pero, por más que pienso, no sé cómo enfocar esto porque es obvio que no voy a hacer una relación exhaustiva ni a poner nombres ni a hacer grandes descripciones...
Quizá esos pensamientos sólo sirvan para saber que un blog hace surgir ideas en las que pensar durante algunos días, que acabas desechando porque no conviene expresarlas en voz alta; incluso si nadie te lee.
Tal vez son recuerdos que no se deben escribir. Porque nada es lo que parece...
méteme en tus ojos,
quiero ver todas esas cosas maravillosas que ven los tuyos en cada rincón...
méteme...
que quiero estar contigo, ahí dentro...
méteme,
quiero ser naranja,
quiero ser azul,
quiero ser tú...
Me temo que hoy tampoco hay foto sobre la que comentar, ni hipervínculos ni grandes maravillas tecnológicas.
Ayer fue miércoles, escribí sobre Susana, leí antes de acostarme, me dormí tarde y deprisa y he pensado demasiado. Las hormonas celebran una verbena en la que yo no participo y mi mente va por libre. Mi cuerpo, sentado ante el teclado, como inerte.
Me he caído estrepitosamente, como suele suceder una vez al mes, por lo menos. Y así estoy... pensando, lamentando que ya sea jueves, que todavía sea jueves; recordando el anterior fin de semana y lo vivido; proyectándome hacia el que se avecina e intentando programarme en algún lenguaje tipo Cobol, Java o lo que sea para estar amable, ser consciente de lo que vivo, que vivo...
No sé si superaré esta serie de coincidencias que me están persiguiendo y que ya se prolongan en el tiempo.
Ejemplo número 1: compro un abrigo que me queda estrecho; prometen arreglarlo y ensancharlo; lo hacen, pero sin retocar la anchura de las mangas. Resultado: estrecho de hombros -todavía- y los brazos, sin retoque alguno, como butifarras catalanas, sin opción a flexionar cómodamente los codos, porque deben ser una talla menos que la del resto de la prenda, que también lo es. No está resuelto. Tengo que tomar un avión, personarme en la tienda y que me midan. Hubiera sido una buena idea hacerlo bien desde el principio pero parece que lo bueno es conseguir que se abone el importe del producto, entre en caja y luego ¡ya veremos!
Me verán pasear por la playa en verano con el chaquetón de piel, forrada, para estrenarlo. Es que me hace ilusión porque lo he buscado largamente y para cuando lo encuentro...
Otro ejemplo, el 2: dos visitas médicas a dos especialistas diferentes para que me cuenten qué debo hacer con mi oído. El primero, que no quiere meterse en líos, me deriva. El segundo, directamente, no tiene idea; como si la Keli ("lakelimpia"; el nombre no es mío...) me hubiera visitado. Finalmente, tengo hora para una visita con el cirujano. Tres visitas, tres. Sin diagnóstico. Suerte que no es grave.
Sigo con el 3: dejo el coche en el taller para reparar chapa y otros desperfectos causados por el uso. Un parte a la compañía. Llamada del taller. Precisan parte complementario porque hay cositas que no entran en mantenimiento. Nuevas largas conversaciones con la compañía. Un suplente me hace un gran favor y me abre el parte. Dos días después, me llaman del taller. Que no pasa el perito para el parte número 2. ¿Cómo coño puede ser, si llamé inmediatamente, después de que me llamaras? Repetición de la gestión telefónica con la aseguradora. Se confirma el temor. El parte 2 ¡NO EXISTE! Bien, apelemos a la memoria RAM para recuperar la listilla de cositas que había relacionado previamente en el primer parte del parte 2; reabramos el parte 2. Por favorrrrrrrrrrrrrr.
Diez días después de haber dejado el coche y, tras la llamada del taller para que lo recoja porque "ya está todo hecho", voy a por él. Todo lo referente al parte 2 ¡NO ESTÁ HECHO! "por falta de tiempo" (el entrecomillado es lo mejor, creo). Otro día dejo el coche y ya está. Ni siquiera lo han limpiado por fuera (por dentro ya sería de lujo; tiene tanto polvo que si dejo unas semillas, creo que prenden y me podrían salir plantas...) y lo han desordenado todo: lo de la guantera, los mapas, los cedeses, todo revuelto sobre el sillón del copiloto. Y listossssssss!
Me he enfadado. No sé si hice mal...
Ejemplo ilustrativo número 4 y último: dispongo de poco tiempo (esta frase me suena a algo así como a haberla dicho antes o a haberla escrito... ¿si? porque pensado lo tengo muy claro) así que suelo hacer la compra por "intenné". Tiene su riesgo porque lo normal es que te cambien la marca, el formato y/o las unidades de los productos que pides, sobretodo que directamente no te lomanden; el que no está siempre es el que necesitabas para esa misma cena, normalmente. Una vez recibí 4 paquetes de 4 unidades de yogures naturales sin azúcar -de los sosos, vaya-, por ejemplo, y otra vez unas 50 cocacolas (como si mi casa fuera uno de esos establecimientos públicos llamados bares (qué lugares...!) dónde se suministran bebidas. El empleado de turno y su sentido común no se dieron cuenta de que eso era algo sorprendente y de que sería mejor consultar...
Pero bueno, es cómodo...
Resumo: la semana pasada hago el pedido para ser servido un lunes de 10 a 12, franja en la que sé que en casa debe haber alguien para recepcionar el pedido (o debiera haberla... claro...). Confiada y contenta llego a casa ese lunes y tardo cinco segundos en cambiar de estado y pasar directamente al cabreo viendo que ahí el super no ha dejado ni la factura (es un decir, porque la compraventa se perfecciona electrónicamente, claro). Mensaje en el fijo, mi fijo (que ni recuerdo tener, de tanto que lo uso). Nadie en el domicilio, entrega imposible (como la misión de Tom...), que llame para concertar nuevo día de entrega. Pues lo hago. Pero pensando que últimamente (se me escapa la razón) es como si las cosas que hago tuviera que repetirlas varias veces para que salieran bien, pero lo peor es que bien, bien tampoco acaban saliendo. Esta vez me entregaron cientos de marcas blancas que yo no suelo consumir, en lugar de las que yo encargué y que vienen gozando de mi confianza, que para eso son las marcas. Pero estuve contenta: al menos me sirvieron los productos de primera necesidad...!
Respiro hondo.
Me doy cuenta de que este post no versa sobre el tema que me traía hasta aqui, esta mañana. Yo quería hablar de mis pensamientos de hoy, mientras conducía... Y son los siguientes, resumidos (porque el pensamiento en sí ha sido un largo vuelo fugaz y rasante sobre una multiplicidad de personas que se han cruzado en mi camino -o yo en el suyo, que no importa- en algún momento): hay personas que han dejado huella en mi vida. Otras, en cambio, pareciendo que iban a dejarla, simplemente pasaron de largo...
Por eso a veces pienso que las cosas no son como parecen ser...
No hay foto. Tendría que buscarla.
Hoy solo hay palabras y ya veremos si de cierta calidad...
Hoy he recordado a alguien; esta mañana, al conducir, al mirar al cielo. He dicho que hoy he recordado a alguien pero lo cierto es que la recuerdo muy a menudo, mucho. Quizá demasiado, incluso para mi.
Inmediatamente después he pensado que podría serme útil, para exorcizar mis propios recuerdos, escribir un post sobre ella y aqui estamos, mi cansancio, mi sueño y yo, intentando teclear lo que en el coche salía con fluidez, sin esfuerzo, con naturalidad y una sonrisa triste en mis labios.
No sé qué es lo que me duele más. Si haberle fallado, su muerte o la forma en que escogió morir... No lo sé, aún hoy intento averiguarlo y creo que han pasado ya sobradamente los diez años desde que me enterara accidentalmente de su sorprendente desaparición.
Se marchó de la manera más sórdida en la que nadie puede escoger morir. A l#s que vivimos una vida confortable nos parece imposible, de guión de serie B, de película norteamericana. Pero ese submundo existe y a veces es desconocidamente próximo al nuestro.
Escogió divertirse, lo recuerdo perfectamente porque la decisión la tomó conmigo. Optó por el camino fácil, por los coqueteos con hombres, con alcohol y con drogas, todo a la vez.
Y todo a la vez la apartó de los suyos, le quitó los amigos, le hizo mendigar con sexo en la calle, la enfermó, la ingresó en incontables ocasiones, la mató. Y sufrió lo inimaginable.
Fue compañera ignorada en el colegio desde siempre y, después, mi mejor amiga un par de años. Su trayectoria era un fracaso y la vida trató tan mal a sus padres que se marchó del colegio (hoy pienso que debieron invitarla a que se fuera) y la matricularon en uno público, lo suficientemente lejos del privado en el que yo continué. ¿Fue eso una "suerte" para mi? Todavía le doy vueltas...
No hice nada por ayudarla, si es que es posible ayudar a alguien tan apegado a la muerte en vida. No nos despedimos. Mi último recuerdo: su cara demacrada frente a un supermercado del que yo salía y ella entraba. Había vuelto a vivir en casa de sus padres y entonces no trabajaba. ¿Trabajó alguna vez en algo que no tuviera que ver con la prostitución?
Sólo sé que tenía treinta años y que el Sida acabó con ella. Como acabara antes con su hermano una sobredosis.
Y a veces miro al cielo y le brindo mi recuerdo. Otras veces la recuerdo sin que esté mirando al cielo.
Sirvan estas líneas, Susana, como mi más cariñoso beso de despedida... aunque las dos sabemos que, si te encontrara, me verías enfadada por haberte largado sin despedirte... sin acordarte de que podías acudir a mi, que algo se nos hubiera ocurrido, mujer.
Solo las dos sabemos que pasarán los años y yo seguiré con tu recuerdo a cuestas... No debimos hacerlo tan mal, al fin y al cabo, ¿no te parece? 

El de la casa familiar, el de las noches frías y la cara ardiendo, el que requiere infinitos viajes a por leña y ensuciar el suelo que pisas y barrer las ascuas que salieron crepitando en un sorprendente y luminoso crujido -la madera húmeda o demasiado seca, según quien opine-...
El fuego que atrapa y que reúne, el que está siempre acompañado y siendo observado, el fuego cambiante. Es géminis... 