Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Paréntesis...
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Maravilloso paréntesis, el de este fin de semana. De montañas y larguísimos túneles, de carretera y cielo azul, de coche y cruces de fronteras (o lo que queda de ellas con esto de la UE), de la primera nieve y el frío justo para un jersey, del sol y los largos paseos, manos entrelazadas y sentimiento, largas conversaciones y silencios, regalos de miradas lentas en secreto...
De nuevo me ha regalado un paréntesis... y a veces ni siquiera las palabras sirven para trasladar un sentimiento... Maldita sea...
...aprender cuanto antes que nadie es imprescindible.
Anoche, dando vueltas en mi cama, oscuridad, la primera manta. Mis pensamientos después de leer algunas páginas de Ángela Becerra, de cerrar el pesado libro porque mis manos doloridas no pueden apenas sostenerlo, llegó el terror. Se coló entre mis sábanas, buscando mi calor, se comió mi sueño y mis sueños. Y se instaló a mi lado, silencioso.
Y llegaron los condicionales disfrazados de duda, de pánico. ¿Y si no es un simple pinzamiento? ¿Y si esto es algo relacionado con el sistema nervioso? ¿y si no es sólo cansancio que ni durmiendo desaparece...? así hasta llegar, en una ridícula asociación de ideas, a la silla de ruedas (influenciada supongo por la del croata millonario con el que por la mañana mantuve una reunión algo tensa discutiendo mil detalles de un nuevo proyecto; un tipo alto, víctima de la carretera, la imprudencia y los coches de lujo, que sobrevivió a la operación que le permite sentarse... que se deteriora visiblemente un poco cada día y no tiene ni los 50 y una familia que crece... No es mi estilo de hombre -es germano, gélido, moreno pero tiene clase, además de mucho dinero (pero eso lo dejo para otro post, si se tercia: la diferencia entre la clase, el estilo, la elegancia y si todo eso puede o no comprarse con dinero)- y no puedo evitar tener lástima de él y, luego, de mi misma por sentirla).
En fin, terrores nocturnos, como cuando a mi hija le asustaba el ruido del camión de la basura que hace la ruta de noche en nuestro barrio y tuve que inventar una historia acerca de la vida del conductor (hoy no va a venir, no te preocupes; está de vacaciones...; no, no, no... hoy el camión no vendrá porque el domingo el señor del camión tiene fiesta... le susurraba al oído mientras la sostenía a oscuras en mis brazos para tranquilizarla). Con lo mal que se me da a mi inventar cuentos y en esa ocasión creo que el tipo llegó a tener nombre, familia, historia... Todo un personaje con mono de colores.
¿De dónde me ha de venir a mi el consuelo? (dijo ella, parafraseando algún versículo olvidado de la Biblia...).
Imprescindible: no lo soy, lo sé. Todos pasaremos a ser recuerdo, más o menos duradero. Y seremos sustituid#s, tarde o temprano. Vale. Pero cómo asusta enfrentarte al pensamiento de tu propia desaparición, ¿verdad?
A los hados, a las hadas, a las meigas, a las brujas, a los dioses del Olimpo, a las diosas, a los poderosos...
(porfavorporfavorporfavor)
...que mi día sea fácil hoy. No estoy operativa, out of order, en stand by.
Algo no anda bien. Y la palabra es terror.
Me han llamado muchas cosas. Pero hoy me han dicho que mis palabras son como un bálsamo. Y yo pienso, inmediatamente: pomada, ungüento. Propiedades curativas. Y me pongo en el lugar de quien lo dice (osea, empatizo... qué feo, el verbo conjugado de este modo, ¿no?) y pienso en lo poco que cuestan algunas cosas, ciertos gestos cuasi mecánicos: escribir un correo, dejar un mensaje, mandar una opinión, contestar.
No cuesta nada y a veces no lo hacemos. Y a veces necesitamos ese gesto, el detalle, el regalo de la sonrisa de tonta frente a la pantalla, mientras te arrebujas en la silla pensando ya en qué respuesta vas a darle, cómo será la reacción...
El mundo de las soledades y el de la distancia. Y, por supuesto, la impotencia.
Te aseguro que lo intento, extenderme hasta dónde me es posible, consciente de que llegar a todas partes no lo es...
A menos que alguien experto me lo explique, nunca entederé yo solita cómo es posible que cientos de miles (quizá millones) de personas en todo el mundo estén alimentando a diario sus espacios en la red sin agotar la capacidad de almacenamiento de ese sistema.
¿Es infinita?
Porque mira que se llegan a introducir caracteres y códigos, imágenes pesadas, música... y ¡funciona a la misma velocidad!
El día que alguno de los "muy malos" de este mundo decida machacar bien al personal y/o al Sistema, seguro que decide cargarse internet... ¿Alguien se ha entretenido en calcular el daño económico de una acción semejante? porque que internet es vulnerable lo sabemos todos... pero ¿hasta qué punto nos afectaría eso?
...leída ayer en la Vanguardia del domingo a Punset por Víctor Amela, en La Contra.
Contaba que el hombre está con su mujer hasta que la cría tiene unos cinco años y él puede estar seguro de que sobrevivirá.
Luego, va en busca de otra hembra. A perpetuar la especie.
Simple.
Gracioso.
Grotesco.