Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
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Lo lamento. Me confieso débil. Y acudo aqui, a este pequeño rincón cuasi secreto a reconocer cosas, a hacer acto de contricción, a verbalizar [¿por escrito? ¡anda ya!], a expulsar mi angustia. Y creo que este es el lugar adecuado. Mis disculpas si aburre...
Y es que [alguna vez le he mencionado por estos posts de Dios] tengo un hijo varón que ha empezado primero de ESO. Y eso es como muy grande. Si. Veréis.
Nos han recomendado sus tutores que le guiemos y orientemos muy de cerca estos principios de curso, que le enseñemos -en resumen- a estudiar [yo me pregunto... ¿a qué se dedican todo el día en el cole, entonces? ¿gastronomía? ¿acaso astronomía? ¿minería? ¿normas de etiqueta y buenos modales, como Ussía? ¿otras -ías que ahora no se me ocurren?]. Luego, cuando haya aprendido, no va a necesitar ni querer la ayuda de nadie. Bien. Si hay que hacerlo, lo haremos. Faltaría.
Y anoche me tuve que enfrentar [yo creo que por primera vez en la vida, que eso a mi no me entró para examen; pero seguro, vamos] con los protozoos, las algas, los organismos microscópicos e incluso con los pluricelulares, entre otras lindezas de nombres muy complicados. Vale que yo soy de letras putas (uy, perdón: puras; letras puras, de latín y griego)... pero eso es del canal National Geographic, no de libro de texto.
Cuando el control es de naturales y entran ocho páginas de un libro talla DINA3 con una letra muuuuuuy pequeñita, al que se le suma otro control [para el mismo día, naturalmente] de muuuuchos verbos y, además, otro control [sí, los tres para este viernes] de francés y los deberes de cada día, la sensación que regresa a la garganta, os lo aseguro, es el recuerdo vívido de ese miedo infantil vivido que acompaña la frase "no voy a poder, no voy a poder, es imposible, que no me da tiempo" dicho con una vocecilla asustada apenas perceptible y/o audible.
Como si la que tuviera que examinarse fuera yo. Igual. La misma sensación.
Creo que la que va a pedirse hora de visita con la tutora, esta vez, voy a ser yo. Y es que tenemos que hablar.
...lo olvidaba.
Hoy también es día de marrones...
Recomiendo la lectura. Tiene efectos secundarios: hace sonreir y sentirte identificad#.
Según la Academia [la nuestra, de td#s] melancolía es -entre otras acepciones feas, feas- algo así como:
"Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada".
La definición me ha encantado, por cierto. Pura poesía. Precisa. Con matices. Descriptiva. Me gusta pensar que la hizo alguien enamorado o que padecía el desamor. Y que consolidaron cada palabra un grupo de enamorados o que han vivido amor y desamor. Todos esos académicos...
Y hoy todo está organizado de manera que sea día de profunda melancolía: el cielo, la luz, los silencios y el timbre de los teléfonos, el vacío y las lecturas. Y sobretodo los recuerdos. Y la fecha.
Peeeeeero... va a ser que no, queridos y queridas. No, non, nop, nein, incluso not. Vamos a hacer un pequeño esfuerzo para encontrar gusto o diversión en todo. En las cosas que hacemos cada día. Es así de simple. ¿Lo intentamos?
Hoy está siendo tu cumpleaños. Te he felicitado ya de varias maneras, tratando de estar presente, de hacerte sonreir.
Y me repito, esperando no aburrir. Felicidades. Una edad bonita, la tuya. Preciosa, diría yo. No vamos a pensar ahora en aquello de la mejor mitad de la vida y tal. No. Solo te felicito. Con ilusión. Porque es mi segunda vez... 
Mañana, casualidades, será el suyo. Lo recordaré, en silencio, muda, a solas y de lejos. Pero lo recordaré igual, como si nada, imaginando su cara, su alegría por el protagonismo, su pena por ser mayor y por no poder celebrarlo el mismo día, a lo grande. Y es que no será ni viernes ni sábado, mañana. Sólo miércoles. Mi día, en realidad. No el tuyo, en condiciones normales. Seguro que habrá sorpresas. Un beso, algún gesto, unas caricias y la compañía. Son buenas razones. Muy buenas, si.
Yo lo recordaré igual. No vayas a perder el tiempo dudando, por favor. Nada es tan cierto ni categórico ni indudable ni nada de todo eso...
Reconozco que me está costando, me cuesta, esta semana. Confieso que me esfuerzo. En casi todo lo que hago. Intento hacerlo, aunque sé perfectamente que no tengo ningunas ganas de hacer nada. Ni gimnasio, ni gente, ni cenas, ni llamadas, ni familia. Anacoreta. Total. Y procuro ser más disciplinada que nunca antes, porque de lo contrario por las mañanas no saldría de mi nórdico calentito.
Y en esas estoy, que me voy dando cuenta que me paso el día tratando de subir ánimos ajenos, externos, de quienes no están demasiado animad#s. Y eso es mucha gente.
Creo que se me acaban las baterías. No sé si sentarme un rato en la cuneta, a verlas pasar, a verlas venir, a alejarme de todo. Que me salga algo [nada grave, no] por la somatización de mi tristeza y me aparte. Un tiempo, solo...
Creo que, como a todo el mundo, me gusta dar con un libro que me atrape, de esos que no puedes soltar ni para ir al baño o a la cocina a prepararte un te. Y, como estoy muy bien asesorada, he tenido mucha suerte con mis abundantes lecturas, últimamente.
Ayer terminé, con lágrimas bañándome las mejillas, la segunda novela de Ángela Becerra (la primera, De los amores negados, la acabé en idénticas condiciones pero en Reijkiavick), "El penúltimo sueño". Y me encantó.
A esta mujer la colocan junto a escritoras ligeras, pastelosas, melífluas y rosas. Y no lo merece porque es buena, sabe entrelazar larguísimas y complejas tramas de forma magistral, es súper creativa sin caer -de momento- en la fantasía y cierra las novelas con una facilidad que le envidio. Tengo la cabeza rondada de historias y ninguna historia admite un final razonablemente lógico. Así que seguiré así, rellena de relatos y narraciones imposibles, inconclusos, imperfectos. Burbujeante [como mi propio nick indica].
Y estoy ya deseando empezar su, por ahora, última novela solo para ver si también esta consigue atraparme. Y vivir otras vidas, en otros lugares. Que eso también forma parte de la vida. Y es un regalo maravilloso...