Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Paréntesis...
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Los hay que escriben que su casa está allí donde sus libros. Otras cantan que está donde se encuentre su amad#. Así que el tema va a gustos.
Sé que cada uno tiene, además de una casa, un paraíso, por lo menos. "Ese" lugar especial al que regresar, en el que estar, donde detenerse. Yo prefiero refugiarme entre tus brazos. Mi paraíso es especial. Es pequeño, cálido, confortable. Huele al incienso que cuidadosamente nos ocupamos de mantener encendido y lo ilumina la luz de alguna vela, que se apaga al acostarnos [si es que alguna vez nos levantamos]. Lo que ahi dentro se escucha es el silencio, alguna mirada, nuestra música. Demasiado jazz, para mi. Poco piano. Se han retirado algunas presencias que estuvieron antes de que yo llegara y conmigo traje otros gestos y actitudes y abrí el balcón para que entrara el aire, para tomar fotos de color naranja, para dejar mis huellas en la nieve helada. Unas horas apenas.
Lugar de paréntesis y de paz, de cambio de identidad, de dejar de ser para ser. Provisional y temporal. Quizá sea el encanto y el secreto, aunque no, es imposible. Hay tanto de más que lo impide... Es una realidad que se percibe con los cinco sentidos, que abre puertas de futuro, que cumple promesas y nos ve pasar, con el tiempo enredándose entre las manos, porque pasa y se va [irreversible, doliendo, dejando rastro] y ahi seguimos. Llevamos el pelo demasiado corto para que los rizos lo detengan para siempre y lo tenemos liso [se escurre como agua, el tiempo] y brilla y nos gusta el sabor del te con cardamomo que solemos compartir, como un ritual, a media tarde, cuando tenemos las manos calientes porque son cuatro y juegan a las caricias en silencio y se envuelven y se disfrazan de realidad. Por fuera, por dentro.
Ese pequeño paraíso blanco.
Es que tengo más... uno azul, uno verde y el lugar que ando buscando para detenerme alguna vez, cuando todo pase y nadie lea mis recuerdos y yo pueda, por fin...
Hasta dónde se puede llegar a querer [me estoy preguntando]. Cuándo sobreviene la indiferencia disfrazada solo de cariño. Y en qué momento se van las cosquillas y el nido de mariposas del estómago y la mirada se torna distante al ver. Lo que ha sido razón, argumento y motivo [de golpe] es mecánica y física y rutina. Todo el sentimiento que oprimía la piel, el pensamiento, el tiempo, todo, se fue y nada ocupa ese lugar, nadie sustituye. Se continúa, en modo supervivencia sin formular preguntas. Pero a veces regresan los recuerdos y te despeinan y te desordenan y vuelven para inquietarte y desvelar tus noches, porque revives [lo vivido, porque además regresas a la vida de la que esa ausencia te apartó -son dos cosas distintas en el mismo vocablo]. Quizá te envuelve y te acompaña un tedio extraño y negado [mil veces] o un olvido. Que no es lo mismo y nada es ya igual. Depende del devenir y está siendo confuso. Quise hasta sentir tensos mis puntos cardinales y hoy ese "objeto" de deseo sigue desaparecido. Además, debe seguir adelante y estar amando a otr#. Quiero expulsar a los celos de este soliloquio porque a mi me desfiguran, me distorsionan y me destruyen. Que soy de las que prefiero no enterarme porque ya me enteré y aún intento salir de ese lugar profundo, lleno de lágrimas, oscuro y negro, lejano y desierto llamado asombro...
Reincido. Es la hora. Y la luz y la época del año. Todo eso me ha devuelto un recuerdo fugaz de alguna sonrisa, la expresión de tu cara, el retrogusto de uno de nuestros besos, el contacto con la piel de tu antebrazo, por ejemplo; el vello erizándose tras de mi y mis caricias distraidas. No sabes que hay tardes, como hoy, que son así. No puedes saberlo, claro. Que me entretengo, ya sin prisa, ya sin culpa, con la cabeza herguida y el corazón reconstruido. De tanto como me doliste, me repuse. Sin embargo. Y me reconozco queriéndote aún, de algún modo, apenas sin tener consciencia. Pero reconociéndote. Eres, en definitiva, una capa de mi misma; dejaste todo tu rastro por dentro y por fuera, señales indelebles que me siguen a cualquier lado y me conformaste un poco como soy. Hay tardes, como hoy, en las que regresas como nunca.
Intensamente tú...
No es nuevo. Pero es incómodo e inquietante. Sentir que perteneces a alguien reconforta, en secreto. Sentirte de ningún lugar resulta molesto. Me descubro alguna vez interesada, buscando, forzando. Y no surge nada porque no podía ser de otra manera. Y persevero, sin consciencia. Pero regreso a la idea primigenia de atarme de algún modo a la tierra y al espacio aunque no sea ni prudente ni el momento, ni siquiera mi voluntad. Luego me detengo y descarto y una imagen reforzada de tanto visitarla y pulirla y soñarla, irreal como la vida, ideal como de ensueño, de diseño. Regresa. Es un lugar. Es un hogar. Lejos de aqui. En el que el sol pinta todas las escenas. Cerca de un mar. Y en el que habitas tú. Y solo tú.
Mírame a los ojos y cuéntame tu sueño...
Alquilo fantástica habitación.
Completamente amueblada. Amplia y soleada. A pie de playa. Impresionantes vistas al mar. Inmejorables sonidos del romper de las olas. Olores y amaneceres y ocasos inolvidables garantizados. Finca regia y señorial, a cuatro vientos. Todos los servicios incluidos. Bien comunicada con el centro por largos paseos. Ideal para solitari#s y amantes [de la naturaleza].
Razón: El Castillo de arena. Playa de los Muertos (Carboneras, Almería; España). Preguntar por sparkling. Precio: a convenir. No se acepta ninguna moneda de curso legal ;) Curios#s abstenerse.
La memoria me alcanza a recordar que existen muchos tipos de domingo. Omito hablar de los domingos vacíos, tristes, desolados y llenos de lágrimas, los de un abandono y adivinar el horror de la soledad y el destierro, el sentimiento de extramuros y de la condición de apátrida, de la pérdida del pasaporte. Sin ti. Ahora la diferencia entre todos ellos, esos domingos que se suceden periódicamente, alternativos es una. Estás o no. Y nada más. Porque a razón de ello me ocupo, me vives, me lleno o me llenan, desbordan, inundan y superan. Un matiz, solo. Tan simple. Un nombre y todo en mi se cambia, se transforma y muta, sin desaparecer. Incluso yo. Quizá sobretodo yo. Es una razón y una excusa, la opción o el deber. Y todo es tan distinto que parece incluso habitar otro mundo. El mismo que tú. El otro. Y el abismo de la no coincidencia. Y el vacío de extrañar y echar de menos y preferir, cerrando la boca, sin pronunciar nada, que es improcedente e incorrecto y también inútil. Y duele, igual que amar. Simple y tan complejo. En una noche de domingo...