Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Paréntesis...
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Hace días que le doy vueltas al principio de esta entrada y no encuentro palabras que no vayan a sonar cursis, ya leídas o ambas cosas a la vez. Pero tengo un nido de gorriones sobre la ventana de mi despacho. Y eso aporta mucho movimiento y sonidos a mis jornadas, además de imagenes graciosas, como cuando no pueden entrar y se ven obligados a quedar suspendidos en el aire unos segundos, batiendo las alas muy deprisa, hasta que abandonan, cansados por el esfuerzo y en un quiebro brusco que me distrae. No son tan pequeños como los colibríes. Tampoco tienen sus colores o su brillo. Y las crías que supongo dentro del nido llaman a los adultos incansablemente, en un piar a veces histérico. Un accidente de tráfico tiene al hijo menor de edad de un compañero debatiéndose para deshacerse de la muerte. Y el compañero se ha visto obligado a tomar un avión, el primero hacia Europa, para regresar desde nuestras antípodas. No logro desprenderme de su imagen en un avión, tantas horas, todo tan incierto, solo, regresando y preparándose para lo que le espera. Sabe que su hijo está tan grave como para que le hayan reclamado aqui. Lo que ignora es que en estas horas ha empeorado y el pronóstico es el peor. Me he dado cuenta de que todavía puedo llorar. Bueno, llorar... Dejar que mis ojos se aneguen. Esta vida es sorprendente y a mi nunca me han gustado las sorpresas...
Siempre hay algo que contar, siempre. Y soy habladora. También hay mucho que callar. Y duele. Empiezo mi jornada con besos y caricias, como cada día. Y la voz moderada en volumen, cargada de sentimiento. Ella es agradecida, cuando le suceden esas cosas mientras mantiene sus ojos cerrados y prolonga sus pacíficas noches. Para entonces, estoy lista y terminé casi todo lo que me corresponde. Cuando salta del coche, frente a la puerta del colegio o en la esquina [eso depende de lo mucho que nos haya costado abandonar la casa por la mañana], después de girarse sonriente buscándome para despedirnos, cierro el pestillo y tecleo un número en la memoria del display, el mismo, que siempre es el primero. Y comienzan las voces, los pequeños reportes, las novedades de las últimas horas, los planes enormes, las preguntas y también algunos silencios en forma de quejido, impaciencia, protesta... depende... Luego, informar de mis planes del fin de semana a mi ascendiente, normalmente el miércoles, siempre con algo de temor, a la espera del gran interrogatorio del con quién, cuántos, dónde... Eso es lo peor, de todo. Llegar aqui, organizar la jornada con una pereza infinita, preveer reuniones menos útiles de lo que quisiera... Sigo siendo resolutiva, pero menos. Lo noto y creo que nadie se atreve a decírmelo. Pero lo sé. Igualmente, lo siento. Escucho como una banda sonora, una y otra vez [hasta que me ponga a redactar como alma que lleva el diablo, que hay plazos que atender, y yo necesito silencio...] a Bryn Christopher en The Quest, según sugerencia que llega desde Chicago. Me gusta. Recuerdo NY y el 2000 y sus protagonistas y... Siempre el mismo interrogatorio. Ayer en el gim. Esta noche con amigas de la infancia. No importa. Bueno, a mi sí me importa. Pero respondo y espero cientos de miles de comentarios. Prefiero no saber por qué preguntan...
Debería haber un término medio porque ahora conviene sol y viento, que la tierra está empapada y, a poco que continúe lloviendo, se echarán a perder algunas cosechas. He conseguido terminar la clase de body pump, a pesar de que sigo demasiado baja de energía. Llego a los sitios in extremis y bostezando, actividad a la que me dedico desde primera hora de la mañana y no interrumpo ni cuando estoy reunida. Qué vergüenza, si. Me gusta saber que estás ahi detrás y que te queda paciencia. No hay nada mejor para conseguir la simpatía para un personaje infumable que atacándolo. Que se suavice, cuanto antes. Como lo peor del tratamiento ya pasó, la veré en breve y será mi excusa para regresar al lugar en el que empecé, muy temprano, a caminar. Sueño con un paréntesis prolongado en una habitación en la que mis cosas ya estén instaladas, la calma. Las excusas para llenar momentos y salir, con paso tranquilo. El mundo es increíble y tan interesante. Se me cierran los ojos, lo que decía... Y me queda media tarde por delante y el principio de la noche, con todas sus tareas. Asusta, visto así. Pero llegará. Llegaré...
A estas alturas, tod#s sabemos [porque lo hemos leído más de una vez] que esto de internet es una trampa. Y también lo sabemos [porque tod#s hemos caído en ella alguna vez]. Una, por lo menos.
Y me pregunto qué le encontrará la gente a hacerse pasar por alguien que no es, a parecerse un poco a lo que es su sueño de persona, a fingir sentimientos, a disimularse tan bien. A engañar. Qué verbo tan feo. A hacer daño, en definitiva.
Creo que si supiera diseñar, aqui a la izquierda, aparecería un sello titulado "Blog sincero" para que la gente supiera que lo que aquí se dice es 100% natural, sin colorantes, sin conservantes ni azúcar añadido y [probablemente] de un gris muy poco atractivo. Ya, pero soy lo que escribo...
¿Qué hiciste conmigo?
¿Qué has hecho de mi?
Nota: Extracto de un pensamiento real. Al volante, el viernes. Concluí [impune e indubitadamente] que tu actitud solo pudo ser dolosa. Y que tres años esperando una explicación todavía no me enseñan que deje de esperar, que tú trabajas en diferido...
- ¿Así que aún no ha aprendido a quererte como te quise yo?
- (...)
- Entonces, perdona, ya no le queda tiempo... ¡Ha tenido casi tres años!