Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
sparkling on Aviones, frío y ris...
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
sparkling on Aviones, frío y ris...
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
sparkling on Aviones, frío y ris...
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
sparkling on Nunca...
Mo'nonymous on Nunca...
sparkling on Nunca...
today
December 2008
November 2008
October 2008
September 2008
August 2008
July 2008
June 2008
May 2008
April 2008
March 2008
February 2008
January 2008
December 2007
November 2007
October 2007
September 2007
August 2007
July 2007
June 2007
May 2007
April 2007
March 2007
February 2007
visited *loading* times
Cada mañana te escucho la voz y tras los gritos se adivina una de esas sonrisas que lo explican todo. La importancia de la piel, que confirma la viabilidad de un proyecto en común. A veces me cuesta saber si estoy en mi despacho o en un bar. Como antes me costaba no confundir ocio y negocio, cuando la mesa estaba dispuesta entre burros. Y no hablo de mis compañer#s [hubo de todo] sino de los soportes metálicos, mínimos que sostenían las prendas de vestir, ordenadas alfabéticamente con unas tiras adhesivas de letras negras sobre fondo blanco, que decidí disponer verticalmente para que se sujetaran durante más tiempo sobre unas perchas de madera barnizada de color haya. Parece que hay muchas cosas extrañas cerca. La hermana de un amigo se muere de esto, ayer me costaba estar serena cenando con quien ha superado uno de mama y se enfrenta a otro de colon, ancianas que se rompen caderas, gente ingresada en busca del diagnóstico y otros vegetando plácidamente, sin habla ni entendimiento. Se me transforma el semblante y relativizo. Impulsos para subir con fuerza desde abajo, como cuando te sumerges en una piscina, paseas horizontalmente por el fondo, conteniendo la respiración, recuperas la verticalidad y te impulsas hacia ariba en busca del oxígeno, con prisa, con urgencia, en una enorme bocanada, que calculaste demasiado justo y la capacidad pulmonar ya no es la de hace unos años. Y siempre se te olvida. Todo azul. Tan mojado. Nada tiene importancia. Ni los examenes o los plazos para entregar respuestas. Ni tantos problemas que normalmente nos distraen. Hoy es todo lo que tenemos y a veces ni lo recordamos. Contextualizo y aprovecho la ocasión para tranquilizarme. Un amigo me aplaza por fuerza mayor. Se va a Hong Kong. Y me gusta que me lo cuente con tanta emoción. Y no le envidio nada, aunque me atraiga el lugar y tenga previsto conocerlo tarde o temprano. De momento, prefiero pensar en una playa turquesa, tan lejos de aqui que sea imposible encontrar unas facciones que me devuelvan la sonrisa, que nadie me conoce. Caminar descalza durante horas, metiendo los pies en el agua, solo hasta los tobillos, o saliendo hacia la arena si no quema. Y perder la mirada en un horizonte imposible, de tan extenso, de tan desierto. Y llenarme de cielo y de mar y de ti, que caminas conmigo, las manos enredadas con cautela, el silencio roto constantemente, que siempre te ha costado callar, sin comprender que a veces es el mejor de los regalos y que basta con breves miradas furtivas que confirman todo, que sacan de dudas, que acompañan y cuentan que el momento es, de tan agradable, de los que nunca se olvidan. Y llegará el fin del día y tu voz volverá a templarme y a transmitir certezas que quise negar y que ahora me resulta imposible. Como si fuéramos de metal batido...
