Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
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Hay distancias que me hacen sentir ajena a este mundo. Existen silencios, los de un móvil inerte, que me nombran la única superviviente de una catástrofe nuclear. Existen contactos tan fríos que acaban por helar sangre a temperatura correcta. Sé de mentiras más corrosivas que algunos productos químicos. Vivimos silencios igual de aislantes que cualquier cinta de colores usada en el sector servicios. Se debaten guerras internas por la coexistencia en etapas anteriores, que se agotaron. Se producen conflictos entre presentes simples y algún pretérito imperfecto. Y no estás tú. Y las partes que empiezan por dos acaban mal [y por otro número] y con tristeza y alguna lágrima, pero depende de cuántas almas sean las implicadas. Va a sonar a letra de canción de cantautor con guitarra clásica, uñas largas para puntear, incipiente barba morena y poca voz, pero si tú no estás creo que todo se agrava y agudiza y empeora y deviene gris y no hay sonrisas ni siquiera alegría. Bueno, eso no es de canción bonita. Pero es...
He abierto a última hora de la tarde el cajón de la derecha de mi mesa en el despacho [también tengo cajones a la izquierda porque es una mesa grande y de madera], y he estado un buen rato mirando con tristeza los billetes electrónicos que hace tiempo [y como viene siendo habitual en los últimos años] recibí. Mañana al mediodía, a primera hora de la tarde -para ser más precisa-, un avión se me hubiera llevado al sur; pero irá sin mi. Y eso me entristece y no me gusta. Pero tengo otros. Hablo de los billetes. Más nuevos, que no son un regalo. Comprados para que me trasladen- a poder ser sana y salva- muy al norte. Total: hace más frío aqui, con esta ola enorme, que allí. Voy preparada, con capas, para poder poner y sacar según entre o salga de los sitios. Una buena excusa para resfriarse y estar, al regresar, un par de días en casa [cosa que, bai de uei y gracias a Dios, hace mucho que no me sucede]. Una razón para cambiar los adornos navideños de casa -tienen una feria monográfica que es famosa worldwide-, que este año voy tarde y todavía no los he puesto. Y eso que me consta que hay quien la tiene ya -la casa, digo- en perfecto estado de revista para cuando vayan llegando todos: papá noel, el tió, el amigo que no se ve [hay muchos de esos en los tiempos que corren, con esto del inten·né], los reyes magos, un cerdito y tres enanitos, Caperucita y Gretel, el fascinante hombre de hojalata y tantos otros personajes mágicos. La magia de la navidad... Pero yo todavía no la tengo decorada, a pesar de las presiones [déjame añadir el "terribles", que queda más realistic] externas que recibo casi a diario. Resisto. No por capricho, no. Es la falta de tiempo de siempre, la misma... Un buen momento para compartir unas horas, tampoco tantas para haber elegido un destino tan lejano, con lo bien que hubiéramos estado en Lanzarote [no me harté de repetirlo y de sugerir alternativas, pero abandoné; creo que se notó demasiado que pretendía evitar destino; pero es que en mayo ya estuve y mira que es casualidad, mira...], con las amigas. Para partir por la mitad las rutinas y los hábitos [saludables, aburridos], alargar el tiempo y espaciar la distancia [que ya es grande, de por sí], poner a prueba la solidez de todo lo que sobreentendemos sin apenas darnos cuenta y de conjugar el plural en singular [sé que no es posible pero a mi me gusta hacerlo porque soy así, un poco extraña, digamos]. Limitar compartimentos y romper alternancias. Una bocanada de aire gélido, también. De las que recolocan las cosas a sus lugares. Tengo la confianza de que no me reubique en mi punto de partida, que estaba yo tocada y hundida y me costó bastante el reflote. Y sé que por esta vez no me va a importar regresar con las líneas de expresión más marcadas, porque las risas están garantizadas, que lo dice la letra pequeña de los billetes y yo lo he leído y lo recuerdo todavía...
Estamos muy cerca de los cero grados. Por un momento, han caído algunas gotas de agua que, con el frío, se han convertido en nieve. Esos copos eran apenas perceptibles y se fueron con el viento, suave. Como tú...
Supongo que son actos reflejos. Una no se detiene demasiado tiempo valorando pros y contras en las decisiones rutinarias y urgentes del día a día. Con el tiempo he aprendido a moderar mi entusiasmo y mi proactividad y mi capacidad resolutiva y ahora, podríamos decir y lo diremos, soy paciente, ponderada y hasta incluso moderada. Modesta también. Pero escribo en serio al decirlo porque en mi opinión la bondad la tenían los primeros adjetivos calificativos y no los segundos. Que éstos [y yo misma] son consecuencia de las circunstancias y el entorno y el sector [y yo también]. El hecho relevante viene porque esta mañana alguien me ha utilizado. Todos nos utilizamos a menudo y nos usamos de excusa o de justificación. Y esa es mi función. Pero hoy era una llamada de esas de "última palabra", un sí o un no determinaban la forma de proceder, una asunción de riesgos de consecuencias económicas incalculables. Dije sí. Pero, al colgar, cientos de razones perfectas circularon en fila india en mi cabeza, todas partidarias del no. La decisión está tomada, con firmeza. Pero algo me dice que en el futuro la conversación [que ha dejado huella en la memoria de mi interlocutora aunque en ningún papel] me será arrojada a la cara y me sacará los colores...
...te he levantado la voz, me has visto en familia, me has hecho llorar, he extrañado tanto, he querido con tanta placidez, me he sentido tan bien, he tenido tantos planes, pensé que la suerte me sorprendería, quise olvidarte, te hablaré en inglés, podré cambiar mi manera de decir lo siento, me ha gustado emborracharme,te olvidaré, he dormido suficiente, sabré querer del todo bien, dejaré de pensar que puedes marcharte, creeré que soy eterna, me gustó el frío, lloraré detrás de los cristales oscuros de mis gafas de sol, te olvidaré, hubiera imaginado que esto acabaría de esta manera, creí que desaparecerías sin despedirte, te creí cuando decías que el tiempo es breve y el número de tontos infinito, sospeché que podrías amar a otra, me dijiste que te gustaba, dejaré de hacerte masajes, es tarde para aprender lo que nos ilusiona, supuse que el vínculo era tan sólido, me gustaron los domingos por la noche que terminan en lunes, volar sola para regresar, dejaría que te marcharas, dejaré de diseñarte caricias, antes me sentí así...
Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca. Y nunca.
Y nunca es mucho tiempo...
Contrastes. Quietud y prisa. Calma y movimiento. Relativizo y trato de vivir el ahora. No hay plazos largos sino momentos. Breves y fugaces. Conciencia. Comienzo a echar de menos sin haberme ido y antes de apartarme. Incluso. Tengo la cabeza ocupada, llena de recuerdos, momentos y proyectos. Hoy no me duele. Me siento bien. Los esfuerzos producen. El tiempo genera intereses, como inversión. Todo parece ir mal ahi afuera. Aqui dentro, no. Quizá por eso me gustaría estar sonriendo mientras escribo. Y lo consigo. Consciente de la fragilidad, de la frugalidad de esta extraña felicidad, tan desconocida. No es casual, ni accidental. Es el bienestar como consecuencia. Tengo la lección bien aprendida...