Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
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Siempre hay algo que contar, siempre. Y soy habladora. También hay mucho que callar. Y duele. Empiezo mi jornada con besos y caricias, como cada día. Y la voz moderada en volumen, cargada de sentimiento. Ella es agradecida, cuando le suceden esas cosas mientras mantiene sus ojos cerrados y prolonga sus pacíficas noches. Para entonces, estoy lista y terminé casi todo lo que me corresponde. Cuando salta del coche, frente a la puerta del colegio o en la esquina [eso depende de lo mucho que nos haya costado abandonar la casa por la mañana], después de girarse sonriente buscándome para despedirnos, cierro el pestillo y tecleo un número en la memoria del display, el mismo, que siempre es el primero. Y comienzan las voces, los pequeños reportes, las novedades de las últimas horas, los planes enormes, las preguntas y también algunos silencios en forma de quejido, impaciencia, protesta... depende... Luego, informar de mis planes del fin de semana a mi ascendiente, normalmente el miércoles, siempre con algo de temor, a la espera del gran interrogatorio del con quién, cuántos, dónde... Eso es lo peor, de todo. Llegar aqui, organizar la jornada con una pereza infinita, preveer reuniones menos útiles de lo que quisiera... Sigo siendo resolutiva, pero menos. Lo noto y creo que nadie se atreve a decírmelo. Pero lo sé. Igualmente, lo siento. Escucho como una banda sonora, una y otra vez [hasta que me ponga a redactar como alma que lleva el diablo, que hay plazos que atender, y yo necesito silencio...] a Bryn Christopher en The Quest, según sugerencia que llega desde Chicago. Me gusta. Recuerdo NY y el 2000 y sus protagonistas y... Siempre el mismo interrogatorio. Ayer en el gim. Esta noche con amigas de la infancia. No importa. Bueno, a mi sí me importa. Pero respondo y espero cientos de miles de comentarios. Prefiero no saber por qué preguntan...
