Porque nada es lo que parece ser, todos somos la consecuencia de nuestras historias y todavía mundos inexplorados.
Mo'nonymous on Aviones, frío y ris...
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Quería que supieras que sé que cerraste el blog porque tenías una magnífica razón. Aunque no la conozca pero pueda adivinarla cubriéndola de mil fantasías. No me entretengo con probabilidades que nunca van a desmentirme porque tengo los hechos consumados, que -para estas cosas- son mucho mejor. Y para otras, también.
Hace algunos días, quizá un par de semanas que ni vienes ni voy. O vengo, que para eso los catalanes y las catalanas somos malísimos y malísimas. Y yo la que más. No sé conjugar según qué tiempos verbales. O, mejor, sí sé. Pero me cuentan que lo hago mal. Da lo mismo, creo. No vienes de visita. O lo haces solo alguna vez y sin dejar rastro. Tampoco escribes. No sé si se te acabaron las palabras. Creo que podría darte algunas. Bueno, darte... Prestarte, sugerirte, insinuarte. Como quieras. Pero me temo que ese juego ya esté jugado y andes en busca de nuevas distracciones, desafíos, retos. O ratos en silencio.
Deja que te diga que siento un poco de preocupación porque tampoco esa otra mitad tiene grandes cosas que decir. Y así resulta complicado hacerse a la idea. Supongo que desde fuera lo comprenderás. Y desde lejos también.
Y yo que, cada vez que visito tu dirección, recuerdo -con idéntica tristeza cada vez, cada vez; te lo aseguro- que no puedo pasar. Y a veces me he llegado a preguntar si te hice algo con mis silencios. Porque dudo que mis pocas palabras pudieran llegar a dolerte. Pero no lo sé y tampoco creo que deba preguntarlo, porque [tú sabes ya como soy, tantos meses después] no me gusta incomodar. Y así tu dirección, tus mensajes siguen en mi buzón, intactos, archivados, ahora que casi nunca conservo nada y me paso el día pidiendo que eliminen recuerdos, que ocupan mucho. Ahora que aprendí al fin a conservar solo lo intangible, a pesar de que me asusta mucho saber que hacemos lo que queremos con nuestros recuerdos, incluso cambiarlos...
Fuiste durante meses uno de los pilares de arranque de esa ruta mía de movimientos por la pantalla y me has hecho cambiar de hábitos. Hay palabras que tantas veces parecen bálsamos, como las tuyas. Eres de las que comprende cosas que ni una misma; al menos, me lo parecía. Quizá por necesidad. O quizá no. Me gustaban tus visitas y tus comentarios de una línea, tan condensados. Y tus silencios, cuando creía estar convencida de que volverías. No como ahora.
Yo, que te he estado adivinando ciertas ganas de echar a volar, preferiría saber que todo anda bien, que encontraste la forma de retirarte en pleno éxito, como los grandes artistas que no esperan a ver caer su carrera. Y que eres feliz. Muy feliz...
